COMER MENOS SIN PASAR HAMBRE: TRUCOS PARA REDUCIR LAS PORCIONES Y SENTIRTE SATISFECHA
Desde pequeños hemos sido condicionados a comernos lo que está en el plato. ¿Escuchaste alguna vez algo como?:
No te paras de allí hasta que el plato esté vacío.
¿Sabes la cantidad de niños que ahora mismo no tienen nada qué comer?
Si no te comes todo, no te daré el postre… (o saldrás a jugar)
Y muchos niños, tuvieron que alargar la hora de la comida durante horas hasta ver desaparecer una porción de comida de su plato, comiendo con desgano y hasta repulsión.
Así que, en el comer, se nos ha desarrollado una mentalidad de obligación, aprovechamiento máximo y culpa, que, sin saberlo, arrastramos a la edad adulta, creando un efecto contrario, no deseado: la necesidad de comer aunque no tengamos hambre.
La infancia nos crea las bases de escasez y abundancia en la vida.
En contraposición, nos sembraron una cultura opuesta con respecto al dinero, en la que nos instaban a ser cuidadosos, austeros, ahorrativos. Y allí las frases que escuchábamos eran otras.
El dinero no crece en los árboles.
Somos pobres pero honrados.
Ser pobres nos conducirá al reino de los cielos.
Así pues, terminamos siendo adultos batallando con los kilos de más y con carencias económicas.
¿Es casualidad?
Pues habría mucho debate al respecto y se requerirían estudios más profundos, pero el simple hecho de reconocer en nuestra infancia patrones de este tipo, podría ayudarnos a construir nuevas ideas al respecto de ambos. Sería de utilidad escribir qué frases puedes recordar al respecto.
Aquí dejaremos de lado el tema financiero, y nos quedamos platicando sobre maneras de mejorar la relación con la comida y prácticas que nos pueden ayudar en nuestro objetivo de alcanzar o mantener el peso ideal.
