DIETA SALUDABLE PARA UNA LACTANCIA ÓPTIMA: CÓMO ALIMENTARTE Y CUIDAR A TU BEBÉ

DIETA SALUDABLE PARA UNA LACTANCIA ÓPTIMA: CÓMO ALIMENTARTE Y CUIDAR A TU BEBÉ

La lactancia materna es el maravilloso proceso post parto, a través del cual te mantienes conectada cuerpo a cuerpo con tu bebé, a la vez que le  proporcionas todos los nutrientes que necesita  para crecer y desarrollar plenamente su sistema inmunológico, el cual depende de una alimentación adecuada.

La montaña rusa de emociones ahora tiene un gran giro. Luego de todas las inquietudes asociadas al embarazo, se abre una etapa distinta, donde los protagonistas continúan siendo tú y tu bebé.

«La lactancia le aportará a tu bebé todos los nutrientes necesarios para un desarrollo óptimo, mejorará su sistema inmunológico y reducirá las probabilidades de padecer obesidad infantil.»

Quieres ser la madre capaz de proveer todo lo que necesita, y la leche materna es tu manera inmediata de hacerle sentir que estás dispuesta, con amor infinito, y que siguen conectados aún después de cortar el cordón umbilical.

Y entre todo el romanticismo del momento, debes enfrentar situaciones e inquietudes que no se hacen fáciles de manejar:

– Los horarios agotadores del bebé.

– La recuperación dolorosa del parto o cesárea.

– La expectativa de una  producción suficiente de leche materna.

– El consumo de los alimentos adecuados para proveer los nutrientes adecuados

– Las molestias en tus senos; dolor, presión, hipersensibilidad de pezones…

Una mezcla colorida de emociones.

Es muy probable que además de haber leído mucha información, hayas recibido docenas de recomendaciones desde el embarazo y tienes toda la disposición de hacer lo necesario.

La alimentación con lactancia parece ser la dura prueba que te otorgará o no el título de la mejor madre, el cual no proviene solo de ti, pues te sientes bajo la lupa de muchas personas que te descargan toda una retahíla de  mandamientos, críticas y anécdotas que pretenden adaptar, como sea, a tu situación particular.

Pero no es así.  De entrada, deja de lado la necesidad de ser considerada la madre perfecta por otros, y especialmente por ti. Concéntrate en hacer lo que te corresponde de la mejor manera que puedas.

Para tu bebé, eres perfecta. 

Mira este caso:

Marisela y  Clara son cuñadas, y ambas tuvieron a sus primeros hijos con apenas unos días de diferencia. Compartieron la etapa de embarazo y  llevaban estilos de vida similares. Sin embargo, la información que recibió cada una sobre su lactancia fue distinta, tanto de parte de especialistas, como de las personas más cercanas.

Al nacer su hija, Clara pasó por un verdadero suplicio para producir leche materna, y a pesar de que intentó seguir todas las recomendaciones que le daban, muchas de ellas contradictorias, sus pechos apenas se llenaron. Pronto se dio por vencida, con la convicción de que ella no era capaz de producir leche para su bebé.  

Marisela subió dos tallas de sostén. Su producción de leche era tan abundante, que podía dar de lactar a su hijo, luego llenar teteros para complementar la alimentación de su sobrino, y además crear su propia reserva para cuando tuviera que incorporarse a su empleo.

Su fuente de generación de leche parecía inagotable.

Te pregunto: ¿crees que Marisela era mejor madre que Clara?

Por supuesto que no: simplemente manejaron de maneras distintas su lactancia y las señales del cuerpo.

Si bien es muy probable que el cuerpo de Marisela tuviera mayor disposición para producir leche abundante con prontitud, es necesario resaltar que el 98% de las mujeres están en capacidad de ofrecer lactancia exclusiva a sus hijos durante los primeros meses. Esto nos lleva a pensar que tal vez Clara no recibió la guía adecuada para persistir en la producción de alimento.

Precisamente porque cada situación es única, la intención de este artículo es favorecer el proceso físico y mental  que conduce a una lactancia exitosa, aun cuando no pretende ser una guía absoluta,  pues hay muchos factores que deben ser tomados en consideración.

Te pido que te quedes conmigo para ofrecerte, de forma responsable, información que te será de mucha ayuda.

Comencemos:

1)     Filtra la información que recibes.

Atender todas las recomendaciones que te dan, solo te hará sentir frustrada, pues suelen contradecirse entre sí, por muy nobles que sean las intenciones de sus dueños o fuentes.

Imposible complacer a la amiga que te dice que ofrezcas pecho a demanda abierta, y a la vez atender a quien te recomienda restringir cada pecho a 30 minutos cada 3 horas.

A quien corresponde complacer es a tu bebé: su satisfacción será la medida perfecta de la cantidad de tiempo que debes amamantarlo. 

Las anécdotas e historias  ajenas  se han creado sumando elementos y circunstancias que NO son las tuyas,  o basados en fuentes informativas que tal vez no serían avaladas por especialistas.

Con frecuencia se incorporan mitos y creencias populares, que a veces pueden abordar el absurdo, como, por ejemplo:

– Consumir picante hace que se queme la piel de tu bebé, o  que, si no le limitas  la leche materna, tu bebé se va a malcriar. O si consumes cítricos la leche se cortará.

Este es momento de crear tus propias anécdotas y experiencias: originales, distintas, con sus risas y sus dudas, porque dudar está bien, es parte de tu evolución como mujer y madre.

Pero basándote en información certificada por expertos, que te hará el camino más fácil, seguro y confiando en que haces lo correcto.

Este es el momento oportuno para ofrecerte mi ayuda.

Puedes hacer una cita AQUÍ, y analizaremos tu situación y dudas.

2)    El estímulo del bebé para la producción de leche materna.

La naturaleza no se equivoca.

Los senos necesitan el estímulo de succión del bebé para comenzar la producción de leche. Aunque parezca que no sucederá, la madre debe dar tiempo suficiente para que su cuerpo reaccione.

El organismo materno usa una combinación de todos los alimentos absorbidos y los completa con los nutrientes almacenados para fabricar la leche necesaria durante el período de lactancia. 

No importa si tiene senos pequeños o voluptuosos. Estos serán capaces de proveer lo que el bebé necesita.

3) Hidrátate. 

La hidratación es  necesaria en condiciones regulares, y la etapa de lactancia no es la excepción.

El 88% de la leche materna es agua y mantenerte hidratada le facilita al cuerpo su producción. Durante la generación de leche, tu cuerpo agotará todas las fuentes de nutrientes y agua para ofrecer una leche óptima,  y estas  necesitan ser renovadas. 

Toma agua cada vez que tengas sed. Ten una botella o vaso a tu alcance, en especial cuando estás amamantando. 

Si tu orina es clara, significa que estás bebiendo suficiente agua. 

Aun así, se conocen casos de madres deshidratadas y en situaciones extremas de falta de alimentación, que pudieron suplir alimento a su bebé.

Evita consumir agua a través de bebidas azucaradas, refrescos, cafeína. Y, en definitiva: cero consumo de alcohol. 

Las frutas proveen agua, pero debes ser consciente de la cantidad de azúcar y carbohidratos que contienen.  En especial si estás en un régimen de control de peso, tienes diabetes o tienes un diagnóstico de  diabetes gestacional.

4) ¿La leche cambia en cada madre?

La naturaleza de las grasas presentes en la leche está directamente ligada con las grasas consumidas por la madre. La proporción de la grasa en la leche puede variar igualmente, pero en términos generales, el niño recibe las calorías que necesita.

La lactancia a libre demanda garantiza que el bebé reciba todo lo que necesita durante el día para ser sano y crecer bien.

Él establece su propio ritmo y medida

 5)   Dieta post parto para lactancia.

La mayoría de las mujeres tiene sobrepeso al final del embarazo. Esos kilos de más serán usados durante la lactancia, lo que exime la dieta diaria de cubrir la totalidad de las necesidades nutricionales.

Una parte del peso que se gana durante el embarazo, es una reserva de energía que sirve para responder a la demanda de calorías adicional ligada a la lactancia. Esta reserva se consume progresivamente mientras la madre amamanta a su hijo.

Es conveniente esperar a que el niño tenga por lo menos dos meses antes de empezar cualquier esfuerzo para perder peso. Este es más o menos el período necesario que el organismo de la mujer necesita para recuperarse del parto y establecer una buena producción de leche.

Lo ideal es que consumas todo tipo de alimentos servidos en el estado más próximo a su estado natural, esto es aplicable independientemente de si se está amamantando o no.

Una dieta sana para la mujer que amamanta se caracteriza por ser variada, equilibrada, así como adecuada para su estilo de vida y necesidades.

Así pues, no se trata de ver una lista de alimentos permitidos y prohibidos en la lactancia, sino de elaborar un plan adecuado para ti y hacer un seguimiento frecuente para realizar ajustes, si fuese necesario.

Puedes hacer una cita conmigo, y analizaremos  de manera minuciosa tu situación particular  y la de tu bebé, o bebés, en caso de haber tenido un embarazo múltiple.

Analizaremos también condiciones especiales, como diabetes, problemas gastrointestinales, enfermedades, obesidad, presión arterial, u otra situación que te genere preocupación.

¿ALIMENTOS PROHIBIDOS?

Evita alimentos con alto contenido de mercurio, como  los peces de gran tamaño: atún, pez espada. Y reduce el consumo de mariscos y peces medianos.

Los alimentos que te generan cólicos, no harán que tu bebé  los padezca. Por tanto, el brócoli, coliflor o granos, son  permitidos durante la lactancia.

Los cítricos y lácteos están permitidos,  sin embargo,  debes estar atenta a reacciones alérgicas para encontrar conexión con su consumo, y  estudiar antecedentes de alergia en hijos mayores.

LOS ALIMENTOS QUE FAVORECEN LA LACTANCIA.

– Necesitas las proteínas animales presentes en carnes, leche,huevos,  pescado.

– Acompaña con abundantes vegetales y cereales.

– Los carbohidratos son necesarios y están presentes en pan, cereales, arroz, papas, pastas, frutas.

– El aguacate es un invitado estrella. Te provee grasas saludables , antioxidantes, regula el colesterol, aporta magnesio y potasio, entre muchos otros beneficios.

– Los cítricos son antioxidantes, tienen vitaminas y ayudan a prevenir resfriados e infecciones.

– Consume leguminosas como garbanzos o lentejas…

Algunas vitaminas y ciertas proteínas se absorben mejor en presencia de otras vitaminas o de ciertos minerales. Por ejemplo, el hierro se absorbe mejor en presencia de vitamina C.

Monitorea las reacciones de tu bebé.

Si notas incomodidad en tu bebé o adviertes la presencia de cólicos, consulta con tu pediatra o nutricionista. En ese caso, apunta qué alimentos has consumido  para buscar alguna relación.

De igual manera, mantente atenta a la aparición de sarpullidos o alergias. Si se trata de eventos repetidos, se puede hallar un factor común con respecto a los alimentos presentes en tu dieta.

Para un especialista resulta más fácil identificar posibles provocadores de las molestias, y plantearse diferentes alternativas para  validar o descartar su efecto.

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